Sobre mí

¡Hola! Soy Carmen y te doy la bienvenida a mi universo creativo. 

Nací en Cádiz, en marzo de 1973 (sí, sí, el siglo pasado...), la primera hija de mis queridos padres, José y Loli, y desde muy pequeña, me atrajo todo lo artístico, la música, los libros de colorear, los dibujitos animados... Mi madre siempre se acuerda de que con pocos meses, y siendo una niña muy alegre, lloraba inesperadamente con mucho desconsuelo, hasta que un día descubrió que lo hacía cada vez que aparecía en la tele un anuncio de "Maicena" que tenía una melodía preciosa, pero tristísima... La belleza y la bondad en todas sus formas siempre me han emocionado.

Con 5 ó 6 años quedé fascinada por el mundo del cine, sus historias me hacían vivir sensaciones que desconocía, y caí rendida a su encanto. Recuerdo de aquella época la escena donde Elliott, el niño de "E.T.", besaba a su compañera de clase rodeada de ranas "liberadas"... aún me estremece hoy en día.

Aquellos veranos azules, inolvidables como la famosa serie, que parecían no terminar nunca, se repartían entre mañanas dibujando y leyendo, y tardes de playa y meriendas con mis hermanos y primos. El poder de la imaginación y la belleza de las cosas sencillas, ingredientes básicos de la felicidad.

Casi sin darme cuenta, una revoltosa adolescencia se fue abriendo paso, y llegaron "Esther y su mundo", las cajas de rotuladores "Carioca" de 36 colores y "Los Goonies". También las primeras salidas con mis amigas de la infancia, que fueron las que empezaron a llamarme "Quinti", como un diminutivo de Quintana, mi primer apellido. Y es que una parte de Quintivichy ya era realidad sin yo saberlo... Y a pesar de que seguía dibujando, escribiendo historias y montando collares caseros... cuando llegó el momento de elegir unos estudios, pesó sobre mí que tuviese salidas profesionales y que con ellos mejorara de alguna manera la vida de las personas.

Y así fue como terminé fisioterapia, allá por 1994. Trabajé en distintos centros, aprendí lecciones de vida que nunca olvidaré, y di lo mejor de mí en una profesión que, sin darme cuenta, y por mi particular forma de ser, estaba dejándome sin energía vital. Durante esta etapa, me casé con mi compañero de clase, Miguel, y tuvimos a nuestros tres niños bonitos: Miguelito, Sara y Pablo. Y a través de ellos, y de todo su universo, se fue despertando el mío... Volví a dibujar, a rodearme de telas, empecé a hacer muñecas, complementos infantiles... es aquí donde nació Quintivichy como un sueño que podía hacerse realidad... ¿algún día?

El tiempo corría y después de casi 30 años de carrera, el peso emocional se hizo tan grande, que llegó el momento de escucharme y parar. Con la valentía algo inconsciente que te da cumplir 50 años, y un apoyo familiar incondicional, pedí una excedencia en el hospital y decidí que seguiría trabajando con las manos, aunque de otra manera.

Aquel deseo de mejorar la vida de las personas se ha transformado, y ahora quiero hacerlo con el color y la creatividad. Cada pieza está hecha con calma y delicadeza, pensando en conseguir una sonrisa de quien la recibe. Cuando eliges un producto Quintivichy, no solo te llevas un objeto artesanal. Te llevas un trocito de mi historia y de mi ilusión por recuperar los sueños que se quedaron dormidos.
Muchas gracias por ser parte imprescindible de esta aventura.